Lecciones de vida del rugby

Beatriz García Couce
Beatriz Couce EN LA GRADA

FERROL

Desde la grada, una madre anima a voz en grito al equipo en el que juega su hijo preadolescente. Dos escalones más abajo, una del conjunto contrincante hace lo propio. Ambas se cruzan miradas pero con intercambio de sonrisas, sin rastro de rivalidad insana. En el tiempo de juego, se escuchan frases en las que se animan a los chavales a tirar al suelo a los contrincantes y de hecho buena parte de la competición se desarrolla con los chavales rodando por el campo, intentando proteger el balón de las embestidas del resto.

Pero pese a ser el rugby un deporte de contacto y a los choques continuos, en ningún momento se desprende violencia, más allá de los piques inofensivos entre los jugadores. En ambos equipos juegan niños y niñas con absoluta normalidad, aunque es cierto que la presencia femenina aún es minoritaria. Con el pitido final, llega el pasillo, en el que los chavales se aplauden mutuamente y marcan la máxima de «lo que pasa en el campo se queda en el campo» para dar paso al bautizado como tercer tiempo, el almuerzo común, el rato de ocio del que disfrutan todos.

Y ello pese a que unos son vencedores y otros vencidos. A que ha habido revolcones y, con frecuencia, lesiones. A que unos se llevan alegrías y otros frustraciones. No se han escuchado gritos de los padres indicando a los entrenadores lo que tienen que hacer, más bien preguntas al término del choque de cómo se encuentra el niño del otro equipo que salió en camilla.

¡Cuantas lecciones de vida en tan poco plazo de tiempo, a las que sacaríamos mucho provecho en nuestro día a día!