Se imaginan a alguien cuestionando la validez del diálogo? ¿No, verdad? Bien es cierto que en las épocas de los rodillos parlamentarios, en más ocasiones de las deseadas simplemente se actúa con la soberbia de las mayorías absolutas y se toman decisiones sin escuchar al de al lado, porque no se le necesita para ello, así que de diálogo ni siquiera se habla. Pero ahora que los números no cuadran para gobernar en solitario en Madrid, lo de poner en común todo con el contrario se impone, abriendo lo que parece una nueva etapa, más proclive a los pactos. Así que todo el día escuchamos que si abiertos al diálogo por aquí y por allá.
Sin embargo, la teoría hay que llevarla a la práctica y a algunos parece que aún les cuesta romper la tendencia. Durante los últimos cuatro años, las relaciones entre los representantes de los trabajadores de Navantia y la cúpula no se han caracterizado precisamente por ser fluidas ni por el número de asuntos pactados por consenso. Más bien al contrario. Tanto que incluso llegaron a judicializarse, y de igual forma acabaron otros asuntos entre los sindicatos y la SEPI relativos a los prejubilados del sector. Fallos que, por otra parte, dieron la razón a los que optaban por agotar el diálogo y se la quitaron a los que impusieron su rodillo particular.
Ahora, aunque las perspectivas de ocupación en Navantia han mejorado mucho con respecto a hace solo dos años, parece que a corto o medio plazo nada va a impedir unnuevo ajuste para evitar que los números rojos la arrastre al abismo. Y entonces, de nuevo, habrá que apelar al diálogo entre todos los implicados. Vayan abriendo los cauces.