Oír en el silencio

Nona Inés Vilariño MI BITÁCORA

FERROL

Siempre que hablo de la terrible lacra de la violencia machista me entran serias dudas en relación al efecto que puede derivarse de tratar este tema. Pero, hoy siento la necesidad de hacerlo con ustedes para tratar de rebajar la angustia que me aprieta el alma al ver, una vez más, cómo otra mujer ha sido asesinada y, una vez más también, escucho y leo condenas y reflexiones que, en muchos casos, ponen el acento en la necesidad de dedicar más medios, materiales y personales, contra esta violencia inhumana, que, año tras año, en lugares distantes y socioeconómica y culturalmente muy distintos, muestra una crueldad incomprensible desde cualquier ángulo que se examine. No niego la necesidad de dedicar más recursos a la causa. Pero, me temo que, si no somos capaces de investigar con rigor las complejas causas de este terrible problema, nada eficaz podrá hacerse para prevenirlo. Mi dilatada experiencia profesional con adolescentes me proporcionó una información muy fiable. Y mis conclusiones son demoledoras. A pesar de la información, la ayuda psicológica, la formación y su contrastada capacidad intelectual, muchas jóvenes tienen una dependencia de su agresor de tal naturaleza, que ni siquiera les permite identificar como maltrato las agresiones, de índole diversa, que achacan: al carácter, a los celos etc. Y esto puede extenderse a mujeres maduras que (es verdad que si la dependencia también es económica la situación se agrava) no se sienten capaces ni siquiera de denunciar lo que les pasa. Y las comprendo… No me avergüenzo de confesarlo. Lo he vivido tan de cerca que sentí la agresión como propia. Y he podido comprobar cómo la pérdida de autoestima acaba por destruir al ser humano agredido, hasta anular su voluntad. Pero, no equivoquemos el diagnóstico. El mal tiene raíces muy profundas. Y cada mujer maltratada es un mundo tan complejo que acercarse a ella, sin ser capaz de oír y leer el silencio, puede empujarla al abismo…