Ee l jueves, en el Jofre, se conmemoró el 30 aniversario de la Rondalla CMI- Club de Campo con un original y hermoso concierto, exquisitamente cuidado e interpretado. En él, la música con ADN ferrolano, no siempre apreciada en sectores de las vanguardias culturales, se acompañó, en fantástica fusión, de la zarzuela, el folk, el góspel, la gaita… Y nació una sinfonía de voces e instrumentos que emocionó a cuantos vivimos en directo el espectáculo. Y, además, pudimos comprobar la mayoría de edad artística de una agrupación musical, que es mucho más, aunque eso ya no sea poco, que una rondalla en su concepción tradicional. El concierto no puede quedar solo en celebración. Debe ser un impulso de promoción y afirmación cultural de una de las señas de identidad de esta ciudad, que guarda en sus rincones, en sus tabernas, en sus verbenas, blindada por la devoción popular y la generosa entrega de cientos de compositores, músicos y cantantes, una tradición que debe ser permanentemente reivindicada: cantar a la ciudad, a sus gentes, a la mujer… Que son inagotable fuente de inspiración, para crear la música que envuelve en magia y llena de belleza y alegría tantas horas de nuestras vidas. Pero, quiero singularizar mi emoción y mi reconocimiento en José Manuel Couce Fraguela, corazón y principal artífice de este proyecto. Su pasión por la música le puso las alas que necesitaba para sobrevolar las dificultades de la vida. Y nos regaló su tiempo, su talento, su serena actitud al abordar los retos a los que se enfrentó. Pero, por encima de todo, nos enseñó a entender que, detrás de cada hombre o mujer, puede haber un apasionante proyecto (si creen en él) para hacer un poco más feliz la vida de los demás… El jueves, mis manos se unieron a las de los cientos de personas, que abarrotaban el teatro, para interpretar una sencilla pieza musical: el aplauso, emocionado y agradecido, a cuantos hacen la música con raíces y corazón.