El hombre de acero era de Narón

Bartolomé Freire Lago abandonó su As Somozas natal para montar en 1933 cerca de Ferrol el germen de lo que luego convertiría en Megasa, la principal metalúrgica de la Península


Bartolomé Freire Lago tenía que nacer en un lugar denominado Machuco. Era su destino. El fundador de uno de los grandes imperios industriales de Galicia, Megasa, vino al mundo el 21 de mayo de 1904 en ese lugar del concello de As Somozas, a tiro de piedra de As Pontes, donde alrededor de medio siglo antes había nacido otro ilustre de la empresa gallega: José María Corral Rivera, fundador de Estrella Galicia.

Bartolomé fue el mayor de los varones de una familia de diez hermanos y su padre poseía una fragua en la que fabricaba aperos agrícolas que luego vendía por las ferias. Su hijo mayor le echaba una mano mientras estudiaba, pero se fue muy joven a A Coruña, donde trabajó en un almacén de hierros y más tarde en la Compañía de Tranvías. También se le quedó pequeña la capital y con 20 años emigró a Cuba. Allí se empleó como herrero en un taller de carruajes, más tarde en la estación central de trenes de La Habana y finalmente como dependiente en una tienda de comestibles de unos emigrantes de As Somozas. Aguantó siete años en el Caribe y regresó a casa. Pero, con dinero y experiencia, Bartolomé dejó As Somozas para montar su primer negocio en 1933 en Xuvia (Narón). Alquiló una leira de 500 metros cuadrados y dentro de un cobertizo de madera empezó a cortar piezas de chapa usada procedentes de los barcos que se construían en los astilleros de la ría de Ferrol, que luego vendía a los herreros. El negocio prosperó y cuatro años después compró un solar en la antigua carrera de Madrid de Narón, ahora carretera de Castilla, donde montó un almacén y un taller en el que, además de cortar chapa, comienza a estirar tubos procedentes de buques desmantelados y a fabricar los remaches con los que se unían los trozos de acero.

Al finalizar la Guerra Civil, se incorporan a la empresa sus hermanos José y Benito Fernando, con los que constituirá, en 1943, Freire Hermanos, con un millón de pesetas. Cinco años después fallece José y entra en la sociedad el hermano pequeño, Andrés. En 1949 contaban con talleres, de laminado, forja y trefilado de tubos y barras, y ajuste de mecanización; tres camiones y 60 empleados.

El bum de la industria metalúrgica llevó a los hermanos Freire a separar en 1953 sus actividades de almacén y fabricación. Para esta última fundaron Metalúrgica Galaica (Megasa), para la elaboración de tornillería y relaminación. Decidieron pasar de transformar hierros viejos a fabricar acero a partir de una mezcla de chatarra y mineral en un horno eléctrico. Otro hito importante en la historia de Megasa fue la construcción de una central hidroeléctrica en Valdoviño para obtener la energía necesaria -que era mucha- para hacer funcionar la fábrica.

Los hermanos Freire vivieron lo suficiente para ver cómo un negocio que nacía en 1933 dentro de un cobertizo de madera se convertía en todo un imperio de la industria metalúrgica nacional y también portuguesa. Bartolomé murió en 1997; y Benito Fernando, dos años después, con 98. Andrés, el pequeño, todavía vive, pero se desvinculó de la empresa familiar en la década de los 2000.

Megasa está en manos ya de la tercera generación de los Freire, en las de las nietas de Bartolomé. La familia es tan millonaria -figura en la lista Forbes entre las más ricas de España, con un patrimonio de 800 millones- como discreta. Tanto o más que Amancio Ortega.

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