Esta llamada de atención la usaba con cierta frecuencia un conocido periodista deportivo, por ello la recogemos y viene a cuento ahora que nuestros políticos están echando los trapos a clarear, y hablan poco de ese dato que estremece. Me refiero a que estamos en un país en el que nunca hubo «tantos ricos y tantos pobres de solemnidad». Esto es lo verdaderamente trascendental y que apenas se recuerda, ni se le pone solución, pues es más fácil hablar del postureo del adversario o de lo que van a hacer cuando cambien el tablero al iniciar la nueva partida.
Es cierto que los votantes tenemos la llave, y debemos meditar antes de entregársela a cualquiera. Los ferrolanos/as últimamente están callados como petos en la política general, lo que nos afecta a todos directamente, y tenemos la obligación de recordar este insólito estigma que tenemos estampado, con uno de los paros laborales más altos del país y, en consecuencia, la pérdida de población que está motivada. Y mientras no superemos las barreras ideológicas que lo impidan, y la tan cacareada solidaridad siga siendo una palabra a la sombra de Caín, seguirán machacándonos por estos lares, y estaremos pastoreados por Madrid y Santiago, mientras el orfeón de aquí siga autocomplaciente y desafinado.
Y no nos sintamos excluidos con esta situación, tenemos la oportunidad de elegir una nueva papeleta, y sin que impere la soberbia, podemos varear a estos para que las cosas en Ferrolterra vayan de otra manera, se acabe con tanto embuste, aunque moleste a algunos que lo usan a diario, y si no se hace así, muy palurdos tenemos que ser para ir esta vez a las urnas sin estar encabronados con los que nos está pasando. Y por otro lado, desde el río revuelto local, la caña que maneja Jorge Suárez y los suyos está dejando de encauzar emociones y la irrealidad la siguen los demagogos de libro que tenemos lejos y aquí. Y ahora nos pretenden engañar enviando conselleiros a pares a trabajar en la ofuscación colectiva, apoyando el marco mental de algunos para que se crean que ya tenemos barcos como para parar un tren en las gradas de los astilleros.
Así pues, ojo al dato, y no renunciemos a la razón, pues seguimos conviviendo en el mayor fracaso industrial de la democracia. Y cuidado con el éxito embaucador, falaz y propagandístico de las campañas, que debe ser desenmascarado con su rechazo. Y recordemos una vez más que lo no tienen las urnas es libro de reclamaciones.