Una yogui que crea escuela desde Narón

FERROL

ANGEL MANSO

Directora del centro Om Shanti, Silvia Romero lleva dos años formando a futuros instructores y profesores de la milenaria disciplina por ciudades de toda España y hasta en Panamá

20 may 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

Hace doce años, Silvia Romero (Neda, 1978) no podía imaginar que algún día sería capaz de contorsionarse para dibujar con su cuerpo posturas como la que exhibe, relajada y feliz, en la imagen que ilustra esta página. «La gente me ve y piensa que siempre he sido muy flexible, pero cuando comencé con el yoga no lo era para nada y la realidad es que la parte física de la disciplina me costó muchísimo trabajo», recuerda esta nedense de nacimiento, pero afincada en Narón desde hace ya varios años. Sin embargo, el yoga no solo logró moldear su cuerpo a golpe de practicar asanas (las posturas que predica la disciplina oriental desde tiempos inmemorables), sino que también le abrió la mente a una nueva filosofía de vida. Y terminó por convertirse, además, en su profesión.

Tras formarse en Navarra, Galicia y en India, Romero fundó hace cuatro años la Escuela Om Shanti en Narón, donde impartía hasta doce formaciones específicas de yoga (para niños, embarazadas y personas mayores, entre otras). Pero, hace dos años, Silvia decidió abandonar las clases en su local del Alto del Castaño para dedicarse a formar a futuros de profesores e instructores de yoga por toda España, desde A Coruña hasta Fuerteventura, pasando por Gijón, Valladolid, Málaga o Valencia y este año llegando incluso hasta Centroamérica. «Una chica de Panamá que vino a España por vacaciones se apuntó a uno de nuestros cursos y quedó tan contenta que, al volver a su país, buscó los medios necesarios para que pudiésemos impartir allí un curso de yoga para profesionales de la rama sanitaria y educativa», explica la directora de Om Shanti.

En los cursos que imparte la escuela se trabaja en profundidad la parte física del yoga, pero sin venerar las acrobacias ni perder de vista su lado más espiritual. «Cuando yo empecé a practicarlo me di cuenta de que esta disciplina es un camino de transformación interior: pasé de llevar una vida de supervivencia, con mucho estrés y preocupaciones banales, a dirigir mis pasos hacia donde yo realmente quería ir... En definitiva, a tomar el mando de mi propia vida», explica Romero. Por eso, en sus clases, hacer bien el perro, el árbol, la media luna o el arado (algunas de las principales asanas del yoga) es tan importante como aprender a respirar y meditar.