Dos ejemplos

Ramón Loureiro Calvo
Ramón Loureiro CAFÉ SOLO

FERROL

Entre las casi innumerables supersticiones modernas, también está la que pretende hacernos creer que solamente existe lo que vemos. Una falsa creencia que es fruto, en gran parte, del narcisismo de nuestra época, en la que parece que hasta lo más irrelevante ha de ser cacareado hasta la extenuación, y en la que da la impresión, además, de que las cosas importan menos que lo que nos dicen de ellas. Así es como lo meramente adjetivo, lo superfluo, se confunde, una y otra vez, con lo fundamental. Imaginamos conocer mejor que nunca el mundo que nos rodea, pero no es cierto. Y quizás esa sea la razón por la que, tan a menudo, no sabemos apreciar la auténtica importancia de lo que hacen personas que pasan cada día a nuestro lado. Gente estupenda que camina por la vida casi en silencio, sin buscar protagonismo alguno y sin otro afán que hacer lo mejor posible... lo que sabe hacer mejor. Podría ponerles mil ejemplos -entre los que estarían tantos y tantos de ustedes-; y estoy seguro de que ustedes mismos podrían citar muchísimos más. Esta misma mañana me he encontrado con dos personas así. Con dos activísimos septuagenarios, extrabajadores de Astano ambos. Uno es José, José Seco O Montañeiro, que tanto ha hecho y hace por lograr que Galicia entienda que la naturaleza, toda ella -desde la cumbre más alta hasta la mariposa más pequeña-, es un tesoro que hay que proteger. El otro es Julio López, Julio de Remedios, que dedica sus días, los días enteros, a ayudar a que el patrimonio cultural y paisajístico, para subsistir, no dependa de las instituciones, sino del impulso, siempre libre y democrático, de la sociedad civil.