Caranza


Hace año y medio, en este mismo espacio, y la misma que hoy firma, escribía incrédula sobre una promesa que hacía la entonces candidata socialista a la alcaldía Beatriz Sestayo sobre el mercado de Caranza. Anunciaba a bombo y platillo un megaproyecto, un nuevo y moderno edificio en el que además de los puestos de venta tradicionales incluía una escuela municipal de cocina, una guardería y un espacio destinado al Galicia de Caranza, con un museo de fútbol incorporado. Sestayo prometía que si gobernaba, la reforma del mercado de Caranza se incorporaría al primer ejercicio presupuestario. Es lo malo que tiene escupir al cielo.

Me indignaba en ese momento porque me parecía irresponsable que, en un contexto de crisis y descenso generalizado de los fondos públicos, que obliga a los concellos a mirar con lupa los gastos, se prometiese semejante obra faraónica, valorada en casi un millón de euros. Y no porque los comerciantes de Caranza no se lo merezcan, al contrario, sino porque tal promesa tenía pocos visos de ser realidad. Año y medio después, los placeros brindan por 33 años de resistencia, y lo hacen en las mismas instalaciones de siempre, en un mercado que sigue a todas luces abandonado por la administración pública.

Solo unos meses después de ganar las elecciones, Sestayo anunciaba que las obras en el mercado de Caranza empezarían este mismo año, pero los placeros dan una versión muy diferente. Cuentan que el alcalde dijo hace unos días a una operadora, en relación a las obras, que «no había ni un duro» y que habría que ir a por el proyecto del PP. Se veía venir.

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