«Los refugiados llegan sin nada»

ANA F. CUBA ORTIGUEIRA / LA VOZ

FERROL

Este gallego voluntario en Lesbos asegura que quienes recalan en la isla griega conservan la esperanza

05 abr 2016 . Actualizado a las 12:09 h.

El voluntariado «te da más de lo que das, vuelves con más energía, no es una cuestión de generosidad sino de egoísmo, en cierta forma», opina Fernando Rodríguez Montero. Nació en Alemania, de familia extremeña; desde los 15 años dedica parte de su tiempo a ayudar a los demás y lleva 11 residiendo en Couzadoiro (Ortigueira). Allí regenta, junto a su pareja, Ingrid, la casa rural Ultreia. El 26 de diciembre se marchó a Lesbos, con una mochila atiborrada de material suministrado por Farmamundi y donado por la farmacia del ortegano Xosé María Torres, y vivió de cerca la tragedia de los refugiados durante casi mes y medio. «He visto más dolor, los ojos vacíos, en India [donde trabajó tres años, uno de ellos en la Fundación Vicente Ferrer], la gente sin casta... Los refugiados llegan sin nada, pero tienen esperanza».

-¿Cómo se decidió a irse?

-Por Internet encontré la fundación Starfish, que habían creado en el puerto de Molyvos, el punto de la isla de Lesbos más cercano a la costa turca, una australiana y un griego. Empezaron a ayudar a los refugiados, al final se desbordó, eran unas cuatro mil personas al día y decidieron crear la fundación. Bastaba con hablar inglés y tener referencias básicas de voluntariado. Tampoco lo pensé mucho porque tengo a Ingrid, que se ocupa de la vida real, por eso he podido ir yo.

-¿Qué se encontró?

-La fundación trabajaba en el ya famoso campo de Moria, que hoy han convertido en un campo de detención, estuve varios días. En Molyvos sabías que a partir de las cinco de la mañana llegaban porque ellos salen (de Turquía) por la noche para haber pasado las aguas territoriales cuando amanece. Muchos llegan a la playa, pero muchos llegan a acantilados, de noche... La zona a la que están arribando ahora, por causa de la vigilancia, es como de Ortigueira a Ribadeo, 90 kilómetros de costa. Los voluntarios mayores separaban la ropa por tallas, vienen empapados y lo primero es darles ropa seca y luego algo de comida. Recuerdo días que venían niños llorando y otros en que ya no lloraba nadie, venían morados de frío.

-¿Con qué ánimo llegan?

-Llegan esperanzados, creen que ya lo han hecho todo, han llegado a Europa y tienen ese punto de euforia, aunque se nos murió gente de frío. Pero en Moria empiezan a darse cuenta de lo que es y va a ser Europa. Hay colas de horas para conseguir un registro, el permiso para ir a Europa, que solo les dan a sirios, iraquíes y afganos. He visto eritreos, somalíes, tibetanos, marroquíes... no tienen derecho a nada, se quedan allí, con tres comidas al día que les dan las oenegés. (...) Llegan impresionados por el mar, les impone, todos dicen que ha sido lo más difícil, más que cruzar países en guerra, que las mafias...

-Gente muerta de frío...

-Sí, pasó... En enero ya iban más de 90 muertos, solo en Lesbos. Se podían evitar, un afgano me dijo que le habían puesto una pistola en el pecho porque no quería salir en la barca. En verano salen todos los días, en invierno es un suicidio. Viajé un día a Turquía. Desde Mitilene (la capital de Lesbos) se tarda media hora en ferri, con seguridad y por cinco euros; los refugiados tardan cinco horas, 70 en una zódiac, por 1.200 euros cada uno, con riesgo auténtico para la vida. Los tienen escondidos por la costa, las autoridades lo saben, pero miran para otro lado.

-¿Qué hace la gente de Molyvos?

-Al principio todos llegaban a Molyvos, pero a raíz de la tragedia en la que murió tanta gente, empezó a haber más vigilancia y empezaron a irse por otro lado de la costa. A la gente la desbordó, se quedaron sin el turismo, su medio de vida.

-¿Qué podemos hacer aquí?

-Denunciar, para que las autoridades cambien. No digo que Europa tenga que ocuparse de los problemas del mundo, pero este es su problema, somos nosotros los que vendemos armas y provocamos la guerra.

-El argumento del terrorismo...

-Es demagogia, es ridículo, todos los que han puesto bombas son occidentales, criados aquí. La mayoría de los que llegan son familias, niños, mujeres, abuelos, he visto una aldea entera de afganos... Los terroristas no son ellos. Es un problema creado por nosotros y ahora van a sacrificar a miles de personas en Idomeni (en el límite con Macedonia) para parar el efecto llamada. Hay gente que ya prefiere regresar a Siria.