Hace unas semanas salía en las páginas de La Voz de Galicia como un joven coruñés, que había conducido sin carné y había sido posteriormente condenado a una pena de seis meses de prisión y una multa que rondaba los mil euros, optaba, para saldar su deuda con la justicia, por realizar trabajos en beneficio de la comunidad y así no tener que rasgarse el bolsillo. Lo curioso de la historia es cómo el chico realizaría esas tareas: se convertiría en extra en las ruedas de reconocimiento que se realizan en los juzgados para que las víctimas identifiquen al autor de un delito. Una forma curiosa que se ha incorporado a la amplia variedad de trabajos que se contemplan para resarcir las cuentas pendientes con la justicia.
Otros trabajos en beneficio de la comunidad habituales son mantenimiento y limpieza de vías, jardinería o apoyo administrativo, y también de cuidado a mayores y dependientes. No parece que ninguno de ellos encaje en el perfil de Manuela Sueiras Eimil, una ferrolana de 86 años, que asegura no poder abonar los 540 euros que le han impuesto como multa por un delito leve de amenazas. Si no paga la sanción, tendrá que resarcir su pena con trabajos sociales, algo que la octogenaria cree que es un auténtico despropósito.
No se ve capacitada para realizar ninguna de las tareas en beneficio de la comunidad que contempla el Código Penal, ya que arrastra dos operaciones a corazón abierto y tiene problemas de movilidad, así como las arterias dañadas. Ahora esta ferrolana está pendiente de que su recurso salga adelante y se revoque la sentencia.