Aunque hay resistencias al cambio, la mayoría de los ferrolanos quiere una ciudad más transitable. Echamos de menos esas calles de A Magdalena llenas de gente y protestamos sin parar por el tiempo que perdemos al volante tratando de buscar aparcamiento. El camino de la peatonalización es una hoja de ruta del gobierno local que ya ha comenzado a dar sus primeros pasos y también se han esbozado -que no aplicado- las primeras medidas para hacernos desistir de subirnos al coche en una ciudad pequeña como la nuestra.
En ese escenario, nadie duda de que el transporte público tiene que ser una pieza fundamental, animando a su uso, haciendo competitivo su precio y articulando rutas que nos lleven a donde queramos ir. Porque no se entiende que, casi catorce años después de que entrase en funcionamiento el centro comercial Odeón, no haya un autocar que deje en la puerta a los pasajeros, y viceversa, que los lleve de nuevo para sus casas. Y lo que es peor, que las personas que tienen que desplazarse hasta el Hospital Naval -enfermos, muchos de ellos- no cuenten con un servicio de transporte adecuado.
El caso es que las empresas concesionarias quieren dar respuesta a las nuevas demandas, lo que repercutiría, además de en una mejora de la oferta a los ciudadanos, en la creación de nuevos empleos. También los concellos dan pasos adelante y están dispuestos a contribuir económicamente para la habilitación de líneas adecuadas. La Xunta lleva años dando la callada por respuesta, pero se agota el tiempo de las explicaciones. Y de pasar a la acción.