Nuestro país, nuestros pueblos, se han ganado a pulso la forma de vivir en democracia y se puede decir que forma parte de la cultura de este país llamado España. Pero debemos seguir atentos para continuar defendiendo una sociedad en libertad, en igualdad de oportunidades y el estado de derecho, y hay que hacerlo con tesón prusiano. Pues pretender huir de estas obligaciones será hecho prisionero de ellas mismas.
Actualmente los que ejercen el liderazgo político están buscando apoyo para alcanzar el gobierno de la nación, y los medios de comunicación nos hacen llegar sus proyectos, opiniones y también hay casos de intentos de destrucción política del adversario. Hemos visto diálogo entre los aspirantes y acuerdos que en política son el pórtico de su edificio, y también, por qué no decirlo, hemos notado falta de cimiento básico en algunos. Todo ello irá en el bombo el día 20, con la intención generalizada de que lo que de allí salga intentará la regeneración del sistema.
Ante este magma de soluciones que estamos recibiendo, con algunas dudosamente democráticas, una buena parte de la sociedad está ilusionada y con esperanzas de un futuro mejor, y que deberá comenzar por reclamar ejemplaridad en todos los aspectos de la vida, de quienes adquieran la condición de padres de la patria, que nos saquen de la cárcel de la demagogia y la mentira y nos hablen de realidades. Y pare ello muchos votantes reivindicamos que la política se ejerza como el instrumento fundamental de la democracia para acabar con la austeridad económica, que estamos viendo que solo produce calamidad social al estar dirigida a los recortes de los servicios sociales de bienestar llevados a cabo en nombre de un falso liberalismo. Es hoy una inmensa columna de humo con la que se trata de ocultar el intervencionismo de los gobernantes en favor de los poderosos, es el capitalismo de amiguetes, del que decía Manuel Castells: a cada vaca europea le corresponden unos dos dólares diarios en concepto de subsidio, es decir, el mismo ingreso que percibe el 40% de la población mundial. Esta es la retórica neoliberal de nuestros días, ocultar la realidad del empobrecimiento continuado, justificando un reparto de la riqueza cada vez más desigual e injusto, y que estamos viendo que es el legitimador de la práctica política dominante.