Jaime Pablo Díaz: «Nunca pierdo el alma de bailarín»

Bea Abelairas
Bea abelairas FERROL

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Jaime dice que en el escenario es todo corazón: «Los movimientos de cabeza no salen».
Jaime dice que en el escenario es todo corazón: «Los movimientos de cabeza no salen». josé pardo< / span>

Se enamoró de la danza a los siete años, en unas semanas actúa en Milán: «Hemos tenido que triunfar en Madrid para que nos llamasen en Galicia»

01 mar 2015 . Actualizado a las 12:36 h.

El espejo es algo muy familiar para el bailarín ferrolano Jaime Pablo Díaz. El espejo y su cuerpo son sus instrumentos de trabajo desde niño. «Un día bajé con una amiga de mi madre, Ana, al centro desde Caranza y ella inscribió a sus dos hijas en baile, y me quedé tan impresionado que le pedí que me anotase también». Recuerda que en ese momento, solo con siete años, ya decidió convertirse en bailarín. Se toma tan en serio el espejo que para posar ante él acude con una nota manuscrita muy íntima y que casi resume su carrera artística.

Y después cuenta que a los 16 llegó a las pruebas del Rey de Viana y se quedó a vivir en A Coruña, cerca de una compañía que le ha marcado. En ambas ocasiones dio la noticia a los suyos con el sistema de política de hechos consumados. «Cuando llegaba a casa decía estoy en esto, ya no había marcha atrás», recuerda con media sonrisa feliz. Su madre tardó menos que su padre en asumir que tenían un artista en la familia: «Siempre piensan que es una etapa, que finalmente tendrás una vida tipo, con una familia tipo... Mi padre hasta el 2003, cuando estrenamos con la compañía, no se dio cuenta de que iba en serio con esto».

Tradicional y contemporánea

Desde hace más de una década Jaime está embarcado en un proyecto, la compañía Nova Galicia de Danza, que es casi todo para él, pero para el que también debe hacer de todo. La fundó con Vicente Colomer, que se retiró hace un par de años de una aventura en torno a la danza contemporánea muy apegada a la esencia más tradicional de la música y el baile. «No somos tradicionales, pero bebemos de la tradición», contrapone un bailarín de 46 años que tiene claro que el tiempo solo le ha influido para ser mejor sobre el escenario.

«Al principio te obsesionas con hacer bien los movimientos, cómo poner la cabeza, los brazos... Pero eso no sirve de nada, solo es una ejecución de los pasos, los movimientos de cabeza no salen; lo que vale, lo que realmente llega al público y le hace sentir son todas esas cosas que no se pueden describir, pero que salen de lo que eres...». Queda claro que nunca se bajará de los escenarios: «Es curioso, cuando tuve que hacer por primera vez de coreógrafo me sentía hasta incómodo estar al otro lado, lejos de los bailarines... Nunca pierdo el alma de bailarín».

Y, sin embargo, cuando se le pregunta por sus espejos ideales, los nombres a los que admira, cita a un coreógrafo, Akram Khan, asentado en Londres, pero de origen hindú y que también crea espectáculos desde la danza tradicional de sus orígenes. El israelí Barack Marshall es otro de sus referentes.

Jaime no se imagina haciendo otra vida: «Hay épocas mejores, peores... Lo que me gustaría es que nos reconociesen en Galicia como lo hacen fuera, hemos tenido que triunfar en Madrid para que nos contratasen aquí», se lamenta poco antes de partir hacia otra función cojeando. «Estoy un poco lesionado, eso es lo único que me aparta de la danza».

En unas semanas Nova Galicia de Danza (www.novagalegadedanza.com) estará actuando en Milán, donde también darán una máster class. Han recorrido medio mundo y, sin embargo, añoran los escenarios gallegos. «Es difícil actuar aquí, tenemos muchas ofertas de fuera... pero queremos seguir en Galicia».

¿Cómo me veo?

Jaime trae su imagen escrita a mano: «Es curioso lo del espejo. Me hizo pensar en él a lo largo del tiempo. El bailarín convive años con el espejo. Mirándose, perfeccionándose, así va teniendo noción de su propio cuerpo. En una coreografía nos miramos unos a otros ante el espejo. Y luego en el escenario es como bailar con los ojos cerrados, sintiendo. El espejo ya no está, estamos expuestos al público y notamos su sentir. Al principio yo asumía el espejo como un deber, buscas la perfección, la coordinación, etc...Con el paso de los años, esas mil actuaciones, todo lo que has ido viviendo va ocupando cada vez más espacio y te va pareciendo más intenso. Vas siendo más libre ante el espejo y ante el público. La seguridad ante lo que expresas hace que te disfrutes al mirarte al espejo. Ya eres más tú mismo».