Para mayores

José Varela FAÍSCAS

FERROL

22 feb 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

El recientemente fallecido José Manuel Lara se negó a editar El cura y los mandarines del asturiano Gregorio Morán, porque el texto irritaba la delicada sensibilidad cutánea del ex sacerdote y paisano del autor Víctor García de la Concha. El olfato fenicio de Lara enseguida echó la cuenta: en el 2001 se vendieron 400.000 ejemplares de la 22ª edición del Diccionario de la RAE en solo seis meses, y no parecía prudente indisponerse con el director de tan docta casa. El libro, finalmente, salió a la calle bajo el sello de Akal. En sus más de ochocientas páginas de apretada documentación se condensan diez años de obstinada búsqueda. En él, Morán abre en canal, como un matarife despiadado, la cultura oficial de la Transición y airea las vergüenzas de santones y figurantes, de conversos y paniaguados de la tramoya (apenas le basta con recordar su pasado, ladinamente reescrito por ellos o sus amanuenses). A lo largo de las páginas se despliega un multicolor -digamos que con clara tendencia al azul- retablo de imposturas y simulaciones. Morán sigue la estela de Jesús Aguirre, de cura a duque, como hilo conductor, tal que Menéndez Pidal hace con El Cid para dar sentido al siglo XI de nuestra historia. Para cualquier lector ferrolano que sobrepase la cincuentena podría resultar un divertido juego de agudeza memorística imaginarse el trasunto local de El cura y los mandarines. Verá aflorar trapacerías, cambalaches, felonías, traiciones, infidelidades y delaciones a tutiplén; y lo más gracioso: con los caretos de los personajes de cuerpo presente: políticos, profesores, comerciantes, sindicalistas, profesionales, curas, sinvergüenzas... Prueben.