Pues sí que han tardado los políticos en darse cuenta de que si el país quiere cambiar su modelo productivo tiene que ser potenciando la industria. Cuando todos estábamos viendo las condiciones en las que se están generando -y muchos padeciendo- la mayoría de los empleos en el sector servicios, con contratos de pocas horas y menos derechos, ahora vienen desde la Xunta y el Gobierno a decirnos que la estrategia es clara, que los puestos de trabajo de la industria son más estables y de mayor calidad, así que van a lanzarse a respaldar este sector. Bien.
Pero preocupa, y mucho, los mensajes que lanzan sobre el diagnóstico de la situación actual, con carencias que se vienen arrastrando nada más y nada menos que desde las últimas décadas. Que si no puede ser que un proyecto que quiera implantarse tarde dos años en salvar todos los trámites -¿cuántas veces habrán oído hablar de la ventanilla única empresarial?- que si hay tres aeropuertos en Galicia y que sigue siendo difícil traer a inversores extranjeros porque no hay buenas conexiones aéreas y que cuando había proyectos no había suelo industrial y que ahora que sobran las parcelas no hay capital.
Y qué decir de los planes de reindustrialización como el de las tres comarcas que se ha basado casi en exclusiva en la concesión de ayudas públicas. La grave crisis de Ferrolterra habla por sí sola de los resultados de estos programas. Que bienvenidos como instrumento de apoyo, pero que por sí solos están lejos de cambiar nada. Reindustrialicen, lo estamos deseando. Pero con sentidiño. Y de una vez.