Esos profesores

Beatriz García Couce
Beatriz Couce EN LA GRADA

FERROL

Ha sido el catalizador de muchos padres que a sus quehaceres laborales y familiares se les requería, vía WhatsApp, una atención permanente a los deberes de sus hijos. Un día, la ingeniera industrial Noelia López-Cheda se plantó y escribió en su blog que se negaba a ser la agenda de su hija y rápidamente su post despertó la identificación de miles de progenitores, hartos de saber que estaban pasando una de las líneas rojas de la educación, asumiendo cada vez más cuota de la responsabilidad que deberían de inculcar a sus hijos. Y todo ello, con la disyuntiva de entrar en la rueda o quedar como el arisco de los padres de la clase.

Confundimos con demasiada frecuencia la implicación con la sobreprotección y en ese juego queremos meter a los profesores. Les cuestionamos si ponen muchos o pocos deberes, si puntúan bajo, en el lugar en el que sientan a nuestros hijos y hasta cómo imparten las clases. Les reprochamos falta de implicación, pero en muchas ocasiones no queremos que se impliquen, o al menos solo que lo hagan como a nosotros nos gustaría. Como en todas las profesiones, hay quien se ha dejado la vocación en casa y hay quien también recibe a las familias con la escopeta cargada ante tanta exigencia paterna.

Pero siempre hay quien te reafirma tu creencia en la verdadera implicación de los docentes, en la enseñanza pública. Esos que dan un paso más allá y se preocupan por tus hijos, los que creen en el esfuerzo conjunto entre profesores y padres. Cada uno en su ámbito. Dejémosles hacer.