O ceo das ilusións es una compilación de 35 collages del catoirense Fausto Isorna realizados a lo largo de los últimos veinte años. Isorna lleva toda su vida profesional dedicado a la ilustración, al diseño gráfico, al cómic y la edición, sin duda es un gran conocedor del mundo de la imagen y la publicidad, así es que en su trabajo más artístico queda patente este conocimiento tanto por los materiales usados (recortes de revistas y publicaciones) como por la pulcritud con la que hace este corta-pega, incidiendo en el hecho de que ninguna manipulación digital interviene en el proceso. A pesar de pasar veinte años entre la creación del collage más antiguo y el más actual, no hay duda de la autoría de los mismos; así, el intenso colorido, las impactantes mezclas de elementos y significados y esa extraña mezcla entre lo pop y lo surreal nos permiten descubrir en todas las combinaciones al mismo autor.
Ávalon es quizás una de las piezas más antiguas, datada en 1995, nos muestra retazos de imágenes más o menos conocidas, así en medio del pantano y de ninguna parte, representado por el negro de fondo flota la mitológica isla de Ávalon, también llamada isla de los manzanos. En un primer plano descubrimos uno de esos manzanos que se decía que daban fruta todo el año y a su lado y a la misma altura un esqueleto, tal vez el del Rey Arturo, pues según cuenta la leyenda fue allí enterrado. Al fondo un caballero, recuerdo del mismo Arturo, de sus hazañas y coronando la isla tres perfumes, simbolizando tres de las mujeres que acompañaban a Morgana en la barca durante el traslado a la isla del cadáver. Todo ello sacado de imágenes de publicidad, algunas sobradamente conocidas, otras no tanto, pero la piel de la composición nos conduce inequívocamente a descubrirlas como parte del couche de donde nacieron.
Elementos pop
Si ponemos la mirada en obras más recientes descubrimos, no tanto esos elementos pop, reconocibles, nacidos de los mass-media, como otros nacidos de un mayor y más profundo conocimiento de los elementos surreales, así se nos presentan obras con títulos como A propósito de Chirico o A propósito de Magritte. En ambas obras reconocemos no solo el nombre de artistas surrealistas sobradamente conocidos, sino el modo que estos creadores tenían de crear sus universos. Así en la obra dedicada a Chirico descubrimos sus amplios espacios, sus columnas, sus extrañas edificaciones limpias, iluminadas de esa forma tan rara que solo aparece en los sueños. Y, como no podía ser de otra forma, en la obra dedicada a Magritte descubrimos una de sus cabezas en blanco y negro, en esta ocasión apoyada en una silla, boca abajo, flanqueada por elementos que nos perturban como una cuchara o un sillón rococó. Un trabajo con sello propio es, sin duda, el que hasta primeros de febrero podemos ver en el CTB de Ferrol, interesante visita que hacer si no lo han hecho ya.