Es bien cierta esa máxima de que una mentira repetida y repetida se convierte en una realidad. Y es lo que ha pasado con la ¿reindustralización? de Ferrol y su comarca. De tanto decir que se ha intentado a lo largo de décadas, de tanto poner sobre la mesa planes, promesas y grandes horizontes llenos de alegrías y éxitos hasta parece que es cierto.
Se trata de entonar y entonar la misma cantinela para que haya algo en que entretenerse mientras el día a día -inexorable él- se encarga de poner las cosas en su sitio.
¿Ha habido reindustrialización en Ferrol para dar alternativas al naval? No. ¿Se han creado empresas potentes al abrigo de esos planes? No. ¿Ha habido fracasos estrepitosos? Sí. Es lo que hay. Guste o no en los despachos. Que en la calle la gente lo tiene muy clarito. Como también tiene muy clarito que con Navantia agonizante Ferrol entra en la UCI.
Y lo peor es que no queda aquí la cosa. Porque se ha dado dinero, mucho (pero mucho), para esa presunta reindustralización. Fondos públicos, claro. O sea, de usted. De los contribuyentes. ¿Dónde están los frutos? ¿Se han devuelto las millonarias ayudas a proyectos ya muertos y enterrados? ¿Se ha dado cuenta pública de cuánto, dónde y a quién ha ido a parar todo eso?
Al final, lo de siempre. Los responsables de una gestión caótica -si es que se puede calificar de gestión- ni están ni se les espera. Y mucho menos para responder del fiasco. Si fuese para ponerse medallas habría codazos para salir en la foto. Pero reindustraliza, que algo queda.