«Yo nunca me dejé un jugador por el camino, los contaba dos o tres veces antes de salir», dice
24 nov 2014 . Actualizado a las 05:00 h.José Serantes Rodríguez «Pepe Serantes» lleva más de 30 años como delegado del Racing. Ha vivido los peores tiempos del club ferrolano y también momentos de grandes alegrías «disfruté mucho con las fases de ascenso», indica y asegura que también estaba en Padrón, cuando el Racing se jugó con el Flavia un descenso a Preferente: «Fue un drama, horrible», asegura.
-¿Cuánto tiempo hace que es delegado del Racing?
-33 años.
-¿Cómo llegó a ser delegado del equipo?
-Me llamaron para echar una mano una temporada y hasta ahora.
-¿Quién era el entrenador?
-En esta primera temporada José Antonio Saro. Estábamos en la Segunda B.
-¿Cómo fue aquella primera etapa?
-Los viajes eran tormentosos, eternos, ya que las carreteras no eran las de ahora, y eso que teníamos la suerte de que contábamos un chófer que iba lanzado. De aquella no existían los ahora famosos tacógrafos.
-¿En los viajes se dejó a alguien en alguna gasolinera?
-A mí nunca me sucedió, aunque reconozco que antes de salir, cada vez que se para, cuento a los jugadores dos o tres veces.
-¿Ya en Segunda A los viajes en avión serían otra cosa?
-Yo lo tenía muy organizado ya que el día anterior me iba hasta el aeropuerto, fuera en A Coruña o en Santiago, y ya sacaba las tarjetas de embarque. Dejaba todo listo para que los jugadores solo tuvieran que subir al avión.
-De todos los entrenadores con los que ha compartido tantas horas de viaje. ¿Quién le sorprendió?
-Todos tenían sus rarezas pero yo siempre me llevé bien con todos ellos.
-¿Alguna cosa rara habría, alguna superstición que le llamara la atención?
-Recuerdo que aquel primer entrenador, Saro, tenía la costumbre de rezar un Padre Nuestro y un Ave María antes de salir al campo. Sin embargo, lo que más me sorprendía es que nunca pidió ganar los partidos, solo que no hubiera lesionados.
-¿Cuántos jugadores conoció?
-Miles, nunca he tenido grandes problemas con ninguno de ellos, aunque si alguien se pasaba de la raya yo nunca hablaba con él públicamente, siempre a solas.
-¿Es verdad que había que vigilar las habitaciones para que los jugadores no salieran de juerga o solo es una leyenda?
-Yo he viajado más de treinta años con el Racing y nunca he visto que un jugador se escapara, al menos antes del partido.
-¿Y las comidas?
-Yo nunca pedí un menú para mí, siempre comí lo mismo que los jugadores. Lo peor eran los desplazamientos a Canarias, ya que allí se comía fatal (la carne no había quien la comiera) y teníamos que encargar un menú especial, tortillas y algo de pollo, generalmente.
-¿Cómo era el Racing cuando usted llegó?
-Yo sufrí una de las etapas más duras de este club. No había ni un duro. Me acuerdo de una ocasión en la que me fui del club a las tres de la mañana y no sabía si podríamos viajar al día siguiente (nos íbamos a Andorra), cuando teníamos previsto iniciar el viaje a las siete de la mañana para llegar a tiempo. Fueron situaciones muy duras.
-¿De que se vivía?
-De lo que podíamos y de lo que nos daba la gente que podía ayudar.
-¿Es los descansos se les daba un carajillo a los jugadores?
-No, era café puro, pero solo café, sin alcohol.
-¿Usted cómo lleva lo de ver los partidos desde el banquillo?
-Yo lo que puedo decir es que se sufre muchísimo, lo paso fatal. Sufro mucho más de lo que puede sufrir un jugador.
-¿Se lleva mal con los árbitros?
-Bueno... sí. Siempre me llevé bien con ellos, después, lo que diga por detrás es otra cosa. En una ocasión me castigaron con cuatro partidos por culpa de un árbitro aunque fue injusto.
-¿En qué cambió el Racing con la llegada de Isidro Silveira?
-Fue otra cosa, llegó el dinero y el Racing comenzó una nueva etapa que llega hasta ahora, con momentos de una gran brillantez.