Pies descalzos

Nona Inés Vilariño MI BITÁCORA

FERROL

Desde el pasado viernes vengo dibujando esta bitácora. Por un hecho tan sencillo, tan casual y tan poco relevante como encontrar una minúscula y primorosa zapatilla, olvidada, o perdida, colocada con cuidado en un banco situado en el exterior de la concatedral de San Julián.

De color blanco, con cintas en rosa, parecía el molde de un pie perfecto para el que, probablemente, su dueño tendrá zapatilla de repuesto. La toqué y, al hacerlo, recordé las imágenes de miles de niños que: no es que no tengan repuesto para una zapatilla perdida, es que jamás han tenido con que calzar sus pequeños pies, deformados por el roce con el áspero suelo que pisan. Los imagino haciendo una cadena humana de pies descalzos, que podría ocupar África entera, de Norte a Sur, para vergüenza de un mundo que, con las botas puestas -dicho en todos los sentidos- va haciéndose viejo a fuerza de olvidar que: sin niños no hay futuro, por mucho que suba el PIB o se rebaje la deuda. Y, si no los tenemos aquí, podríamos empezar por calzar los pies de quienes, si pudiesen caminar sin dificultad, serían los futuros arquitectos de un mundo nuevo. Nuevo por más justo, más solidario y sin las fronteras del hambre, tras las que mueren, a diario, miles de niños que podríamos salvar.

La minúscula zapatilla -todavía me pregunto por qué- me ha trasladado a esa utópica realidad. Su dueño, no sabe que: sus pies, tan pequeños como fuertes, pueden ser pilares de un futuro sin pies descalzos.