La ruta dedicada a Torrente incrementa la oferta cultural de la ciudad
15 jun 2014 . Actualizado a las 07:00 h.Y ahora que la ruta ya es una realidad, que ya ha sido inaugurada por fin -¿será inaugurada la palabra....?- oficialmente, ¿qué les parecería a ustedes -permítanme la pregunta y la sugerencia- darse, por ella, un paseo? La cosa es muy sencilla: se trata, únicamente, de recorrer los caminos de infancia y juventud de Gonzalo Torrente Ballester haciendo, del paseo, un juego. Tratando de ver lo que el escritor veía. Lo que, al fin, y al cabo, no deja de traer una novedad consigo, porque se trata de mirar de nuevo lo mil veces visto, pero contemplándolo con ojos diferentes.
Es un auténtico lujo, y disculpen el indisimulado entusiasmo, tener al alcance de la mano los paisajes vitales de uno de los más brillantes escritores del siglo XX. Poder caminar por donde él caminó, mirar lo que él miraba, incluso compartir sus sueños a través del tiempo. Habitar, con él, esa forma de eternidad que es el tiempo de los libros, al fin y al cabo un eterno presente.
Junto al colegio
Uno se acerca, por ejemplo, a la plaza del Marqués de Amboage, y no puede evitar, en primer lugar, imaginar a Torrente jugando allí, de niño, cuando era alumno del colegio de los Padres Mercedarios, del Tirso de Molina. Ni dejar de imaginarlo unos cuantos años después, cuando era profesor de ese mismo colegio y pasaba por allí todos los días, quizás de vuelta del Casino, donde algún tiempo tuvo una tertulia.
De esa misma plaza -a la que la de Armas se le parecía muchísimo hasta que sobre ella se construyó el actual edificio del Concello- sale la calle Gravina, en la que Torrente Ballester residió unos años. Pocas calles habrá tan literarias como esa, en la que también vivía José María López Ramón, que le hizo a Torrente la que fue sin duda una de las primeras entrevistas de su vida. Y en la que residían además amigos de Cunqueiro -de la familia Cenalmor, y emparentados con López Ramón, a su vez- a los que el escritor mindoniense, muy devoto de la literatura y de la persona de Don Gonzalo, visitaba con frecuencia. Muy cerca de allí, también, están los Jardines de Herrera, ubicados tras el Palacio de la Capitanía General. El paisaje que desde ellos se divisa, que mucho le gustaba también a José Hierro, era el más bello que existe, en opinión de Torrente. Ustedes, ¿qué piensan?
crónica por los caminos del autor de «dafne y ensueños»