El lago que nació de una mina

Beatriz García Couce
Beatriz Couce EN LA GRADA

FERROL

Llegabas a As Pontes desde Ferrol y te recibía el paisaje árido de la mina a cielo abierto que durante décadas fue el sustento para centenares de trabajadores no solo del municipio, sino también de la comarca. Pero la vida útil del yacimiento se agotó, coincidiendo con la gran transformación de la central térmica que, por sí sola, sería capaz de abastecer el 9 % del consumo eléctrico español. Y se puso en marcha uno de los proyectos ambientales más ambiciosos de Endesa en Galicia, la transformación del hueco minero en el mayor lago artificial del país.

Acaba de cumplir dos años, y lo hace con los parabienes que certifican la calidad de sus aguas -que ocupan una extensión equivalente a toda la ciudad de A Coruña- y de la intervención, que ha cambiado en gran parte la fisionomía del pueblo y que ha ampliado las posibilidades turísticas y recreativas de As Pontes. Menos por los papeles oficiales y por la excepción de las retroexcavadoras que aún pueden contemplarse en algunas zonas del lago, nadie alberga ninguna duda de que allí no hay ninguna mina. Menos la Xunta, que ha establecido que al menos hasta dentro de dos años no podrá considerarse como un lago, lo que limita en gran parte sus posibilidades.

Junto a la antigua escombrera -ahora espacio de bosques y praderas, refugio para decenas de especies animales- el lago está llamado a capitalizar gran parte de los nuevos proyectos del municipio. La administración tiene que levantar los frenos y ser sensible a todas esas posibilidades.