Arañar las venas de Ferrol

FERROL

Las calles son las venas de Ferrol. La ciudad es un tejido vivo que ha de ser agitado para que recupere su tono, su biorritmo alto, el que todos queremos ver.

La urbe vive al compás de sus ciudadanos. Se alimenta de ellos. Para bien y para mal. Habitualmente sumidas en la depresión colectiva, las calles devuelven esa misma imagen y la retroalimentan. Vacías, grises, tristes...

Pero si se agitan esas venas, el flujo responde. Siempre. Apelo a la Fashion Night. Garantía de éxito impensable hace escasos años. El buen hacer de los comerciantes del centro, su empeño en modernizarse y pegarse a ti, permite que esta aventura inunde esas arterias que son las calles con una avalancha de público. Las llena de colorido, de diversión... Al igual que las tristezas, las euforias también son contagiosas.

De la Semana Santa, qué más se puede contar. En cualquier charla, en cualquier bar, en cualquier comercio repetirán hasta la saciedad que Ferrol recobró su mejor cara.

El pasado domingo llegó un crucero. A mediados de semana, otro. Mañana, el tercero, con 2.700 personas a bordo. Un barrio flotante que recala en el muelle para, otra vez, revolucionar los grises pavimentos...

Hay que agitar las venas de la ciudad. Morderlas. Vivir en ellas. No vale esperar a que vengan manás a ofrecer respiraciones asistidas. Porque no lo harán. Es la gente la que puede arañar esas venas hasta que sangren vida. Puede ser así. Pero hay que creérselo.