Los propietarios de montes deberían aprovechar el actual conflicto por el precio de la madera de eucalipto, que los enfrentan a las grandes papeleras españolas y portuguesas, para continuar su proceso de organización. Mientras continúen divididos y la parte contraria formando un grupo homogéneo, será difícil que puedan defender sus aspiraciones y precios con cierta fortuna. Hay que recordar que las primeras asociaciones de productores nadieron hace 30 años en la comarca de Ferrol, al amparo del Círculo Gacela. Aprovechaban los días de feria en Moeche para reunirse y tratar de fijar precios. De aquel germen salidrían dos décadas después las otras agrupaciones que se extendieron por el norte hasta A Mariña y por el sur hasta Santiago de Compostela, hasta crear una pequeña federación. Pero el proceso quedó truncado, quizás, debido a la acción disgregadora que hacía la parte contraria. La federación de montes comunales, que nuclea principalmente a comuneros del sur de Galicia, propone ahora dar el paso decisivo: la puesta en marcha de una gran lonja. Evidentemente el salto cualitativo que supondría sería de gigantes. De no hacerlo, la estructura de este sector primario quedaría coja. Además, en esta ocasión existe una posición común de los propietarios y los rematantes, es decir, las empresas intermediarias que compran y entregan a las fábricas de celulosa de papel la mercancía. Por eso la coyuntura parece la más adecuada para seguir y modernizar el sector con una pieza fundamental. Es posible esta cultura asociativa de Ferrolterra tenga su origen en las antiguas sociedades agrarias republicanas, barridas por la Guerra Civil.