Cuatro vecinas, una oenegé y dos comerciantes son los únicos que ayudan a José Luis, un exmilitar que lleva durmiendo al raso 8 meses
12 abr 2014 . Actualizado a las 07:00 h.José Luis lleva desde el mes de agosto durmiendo en una acera de Ultramar, sobre un asfalto que no tiene cerca ninguna cornisa, por eso siempre está empapado. Cuando se despierta entra en calor con un cartón de vino que compraba en un supermercado de la zona, hasta que un día algo se le complicó y empezaron a ponerle mala cara. No le importa, José Luis se enfada mucho con sus amigos imaginarios, pero con la gente del barrio es muy afable. Repite muchas veces que si ha logrado sobrevivir este invierno es gracias a que en el barrio tiene a muchos vecinos que lo quieren.
Las principales son cuatro vecinas, Carmen Rey, de la asociación de ayuda a sintecho Arraigo y dos comerciantes. Las primeras pasan cada día a ver a José Luis y le compran algún bocadillo cuando se le agota el dinero de la pensión que percibe por su incapacidad, algo que sucede el día 2 o 3 de cada mes. «Lo engañan y le quitan la paga, a veces incluso lo drogan con pastillas y está como dormido durante dos días», explica una de las mujeres que ha liderado una petición del bario para exigir a los servicios sociales a que actúen con una persona que entienden que es inofensiva, pero que no sabe cuidarse. Reclaman que un juez intervenga, porque la familia de este hombre no ha dado muestras de interesarse demasiado por su vida.
«Tiene una enfermedad mental y no está medicado; la asistente social que llevaba su caso se puso enferma y la que la sustituye nos dice que no tiene constancia de su estado, además la persona del servicio SOS del ayuntamiento que pasa por aquí no se baja del coche, porque dice que le tiene miedo», explican y denuncian que la situación es cada día más crítica.
José Luis es tranquilo la mayor parte del tiempo, pero a veces revive situaciones muy duras de su niñez e imita las broncas que, al parecer, vivió con su padre, alcohólico, o los problemas con las drogas de alguno de sus hermanos. Otras veces discute con almirantes imaginarios. Entonces impresiona y muchos viandantes casi le temen.
El barrio tramita una petición para que un juez ayude a este hombre