Fue hace un año cuando un grupo de investigadores gallegos recordaron a la memoria colectiva que, casi con toda probabilidad, el fondo de la ría guarda restos del que fue el mayor navío de la Gran Armada. Porque de Invencible tuvo poco. La veneciana Ragazzona acabó sus días partida y hundida por un temporal en aguas locales. Casi nada.
Solo el hecho de que se fuesen a abordar prospecciones submarinas para intentar encontrar restos que confirmasen esa hipótesis levantó, en su momento, un enorme interés mediático y social.
Esa primera parte del trabajo no ha sido suficiente para determinar si lo que queda en la ría se corresponde o no con el navío. Pero sí ha servido para otras cosas. Como, por ejemplo, poner en evidencia la lastimosa visión que se tiene en estos lares sobre este tipo de patrimonio. Para empezar, el pecio había sufrido ya un devastador espolio. A nadie le importó que sus restos fuesen saqueados.
Para acabar, la segunda fase de la investigación necesita de 10.000 euros (sí, 10.000 euros) para poderse llevar a cabo. Hay subvenciones públicas mucho mayores con objetivos mucho menores. ¿Alguna administración dará un paso adelante? Se verá. Pero el que suscribe se siente pesimista. Es la soledad de la Ragazzona. Que aquí estamos para eso. Para dejar escapar reclamos de ese calado. En otros lares se hacen grandes museos interpretativos con bastante menos.
Aquí, la investigación se apoya así. Triste. Y cierto.