Últimamente se viene identificando a los partidos políticos por su incompetencia y por la corrupción. Muchas de sus funciones ya se han abandonado y hoy se cuelan en los parlamentos y concejalías muchos servidores públicos que van a servir sus intereses personales. Y si les queda tiempo visitan alguna asociación vecinal para contarles cómo se gastan los dineros públicos. Luego preguntan cómo están las cosas en el barrio y alguno termina como un caso que conozco. «¿Está el fotógrafo de La Voz?». Son estos o parecidos los movimientos de algunos de nuestros representantes que pretenden hacerse un hueco seguro en la política, sin miedo a perder el equilibrio.
Y como es conocido por la concurrencia, no extraña la baja tendencia a la afiliación de los partidos políticos, que ya son auténticas maquinarias electorales, agotándose aquello de partidos de masas, pasando estas a estar más pendientes de los medios de comunicación. Con este cambio que se está produciendo afloran los problemas de corrupción, pues mermados los cauces de transparencia, salta a la luz ese comportamiento inmoral y delictivo, que como se sabe consiste en aprovecharse de los recursos públicos con fines de lucro privado: corrupción.
Un examen desapasionado, y como militante de un partido, las democracias internas en estos órganos apenas tienen actividad, ya que no se elaboran documentos, no hay reuniones abiertas, funciona casi a diario la tele de salón y hay algún que otro contubernio obligado a decir el santo y seña de los asistentes, y solo un par de militantes soportan las vigas maestras del pero de los partidos políticos.
En definitiva, el comportamiento de los partidos, en general, está en desprestigio, por su incapacidad demostrada para resolver los problemas más auténticos de la gente, el paro, y por otro lado está esa lacra de la corrupción, que en algunos casos se comporta como una tenaza que tritura el acceso a la militancia.
A pesar de ello, creo que los partidos políticos seguirán siendo imbatidos, y ahí está la nueva Ley de Transparencia que llega para recuperar la confianza de los ciudadanos y que dispara contra corruptos y corruptores.