El 28 de enero está marcado a fuego en el calendario de Ferrolterra. Será cuando Pemex anuncie si el prometido flotel se fabricará, o no, en las instalaciones de Navantia.
Revisando la labor reciente y no tan reciente de los astilleros locales no se trata, en ningún caso, de una obra que vaya a pasar a la historia. Que nadie viva engañado. Las construcciones civiles y militares que han salido de Ferrol han sido admiradas con pasmo durante mucho tiempo en todo el mundo.
Otra cosa es la oportunidad de ese flotel. Su capacidad de dar algo de oxígeno a la plantilla principal y a las laceradas auxiliares.
Pero el día 28 Ferrolterra se juega mucho más que un flotel. Muchísimo más. Sobre el tapete está el compromiso firme del presidente de la Xunta. Un Feijoo que, como a la práctica totalidad de sus conselleiros, se le debe haber olvidado la ruta de la autopista hasta la ciudad. Porque hace tiempo que no se dejan ver por estos lares. Sus motivos tendrán. ¿No?
En definitiva. Si finalmente se cumplen las expectativas y el flotel se construye en Navantia habrá que saludar y reconocer las gestiones de la Xunta. Como no puede ser de otro modo. Caso contrario estaríamos frente a una burla. Sin más. Frente a una gran cortina de humo lanzada a propósito para intentar falsear la realidad. De ser así, la situación sería grave. Mucho. Lo suficiente para que empiecen las dimisiones. Quizá ya haya alguna cabeza de turco preparada. Quizá.