Un «Prestige» de impunidad

Andrés Vellón Graña
Andrés Vellón LA GÁRGOLA

FERROL

A nadie que haya vivido el desastre del Prestige se le podrá olvidar jamás lo sucedido. Cada cual tiene sus recuerdos. Cada cual lo narra de un modo. Pero todos los que vivimos al lado del mar nos sentimos inquietos al principio y noqueados luego. Solo la marea de solidaridad llegada de todas partes, las manos blancas de los voluntarios, sirvió de alivio para la tristeza.

Al que suscribe, cuando recuerda la marea negra, se le vienen muchas imágenes a la cabeza. Pero, sobre todas ellas, la de la laguna de A Frouxeira padeciendo la negrura del fuel. Padeciendo la pesadilla de lo que iban a ser unos «hilillos».

Recuerdo perfectamente, como si fuese hoy mismo, cómo entre las muchas personas atónitas que acudían al lugar para intentar dar crédito a lo que estaba suciendo una madre y su hijo treintañero se acercaron a la laguna. Y el modo en el que el silencio se les echó encima. La manera en la que se cogieron de la mano mientras a ambos les brotaban lágrimas de rabia de los ojos.

Solo es uno de miles y miles de recuerdos. De miles y miles de gritos de indignación. Solo una leve pincelada de lo que se sufrió en toda Galicia. Golpeada, otra vez.

Ahora, pasado el tiempo, llega la coletilla con una sentencia que no es más que otra marea negra. Otro Prestige. En este caso, un Prestige de impunidad. El peor punto y final para una terrible historia. El contraste con la solidaridad de los voluntarios. Los héroes de esta pesadilla.