El tiempo se acabó. Los debates políticos, más allá de retratar a los parlamentarios de los partidos que mantienen unas tesis en Madrid y otras diferentes en Galicia, se han evidenciado completamente inútiles para resolver el problema de fondo de la comarca: el naval. En menos de un mes estará paralizado, un gran número de empresas bordeando la ruina y centenares de trabajadores en el paro o en el mayor lunes al sol de los astilleros de la ría.
Diciembre es el mes clave. La adjudicación del concurso de Pemex pondrá en valor el calado del acuerdo de la Xunta con la petrolera mexicana, que se anunció como la solución a una crisis que, ahora, un año más tarde de la firma de los acuerdos, ya es la más grave hasta el momento de un naval que lleva más de tres décadas de travesía por el desierto.
También es el mes en el que se prevé la resolución del contrato para la construcción de cuatro barcos gaseros para Repsol y Gas Natural. Dos empresas nacionales que tienen la llave para sacar del bache al naval español. Ni Navantia ni el Gobierno central pueden resguardarse en ningún escudo. Deben echar el resto para que ese encargo llene las gradas y demuestre la competitividad de un sector que no hace mucho fue líder en el off-shore y en la reparación de barcos gaseros y vendió buques militares a las Armadas más exigentes. En diciembre se presentará el plan de futuro de los astilleros. Sus gentes solo quieren precisamente eso, una apuesta real por el futuro.