En el ala derecha de esa planta del Marcide estuve ingresada durante la última semana. En esos días he tenido información y experiencias personales suficientes para describir una situación que está muy lejos de los parámetros de calidad exigible a la Sanidad hospitalaria pública. Para analizar esa realidad quiero huir de ese lenguaje tribunero que enardece al público y que tanto gusta a algunos políticos, sobre todo si están en la oposición. Mi propósito es denunciar algo que puede resolverse sin grandes quebrantos para el equilibrio económico del Sergas. El espacio del que dispongo no permite profundizar en la situación general de la Sanidad. Y, en este caso, ni siquiera sería suficiente para agradecer la actitud y la responsabilidad de muchos profesionales de ese hospital. Pero hay carencias materiales serias en esta planta: habitaciones sin espacio para moverse, ni duchas, ni la mínima posibilidad de que al acompañante del enfermo se le facilite su impagable trabajo. Y no diré nada más porque no cabe, pero el contraste con el ala izquierda -acondicionada hace años-digna y funcional, así como el suntuoso e inútil hall, ejemplo del despilfarro del pasado reciente, son las dos caras de una misma realidad.
Mi alegato final va dirigido a la Consellería de Sanidad: cuando hablen de proyectos o inauguren hospitales que califican del siglo XXI, analicen esta planta y tomen nota de lo que es una reivindicación justa y razonable para rescatar el proyecto pendiente YA.