El pleno

José Varela

FERROL

El gobierno de una ciudad es un asunto muy serio, de mucha enjundia. Quienes tienen en sus manos la administración de una población asumen una responsabilidad extraordinaria. Dejémoslos trabajar. No los importunemos con nuestras cuitas. No contaminemos con la vida de la calle su inmaculado discernimiento. Respetemos el cónclave recogido y ordenado: solo en ese sosegado ambiente las preclaras mentes de los ediles alumbran sus ideas más brillantes. Acallemos el runrún, contengamos el aliento. Que duerman los niños, los colegios cierren, los mercados echen la persiana, los comercios cuelguen el cartel de pechado, el tráfico se interrumpa, la ciudad se detenga. Silencio: se reúne la corporación municipal de Ferrol. No alteremos su mecánica interna perfecta y eficaz, su orden del día limpio de las impurezas de los problemas cotidianos. No distraigamos a los concejales populares, y tampoco a los socialistas de oposición monjil; que no les alcance la voz desesperanzada de los parados, el descontento con el despilfarro de dinero público en la plaza de España, con la burla de la adjudicación de viviendas vacías de propiedad municipal, con trapalladas como la reparación de la calle del Sol, con mentiras como los contratos de Navantia, con triquiñuelas como el trazado del tren al puerto de Caneliñas, con repagos de propiedades de Defensa, con injustificables privatizaciones, con su patente desprecio al más grave problema de la comarca, con... Dejémoslos que se reúnan en sesión plenaria. Su reino no es de este mundo. Amén.