El incendio

José Varela

FERROL

Hace tiempo ya que Ferrol sobrepasó la tasa de paro a partir de la cual el riesgo de exclusión social se convierte en un incendio. Por el momento, la ignición se expande bajo la piel de la sociedad al modo en el que lo hace la combustión de las turberas. Ocasionalmente, como luces de San Telmo, emerge una llamarada aquí, luce un resplandor allá, se descubre un rescoldo más lejos; pero la temperatura va en aumento. Nada que sea desconocido para una ciudad con uno de los índices de desocupación más altos del país con el paro más elevado de Europa. Porque el desempleo masivo incendia la sociedad, calcina las relaciones humanas, quema las esperanzas, achicharra la convivencia familiar y su incandescencia interior destruye a las personas. Es el peor y más grave de los problemas que tiene ante sí la comarca ferrolana en la actualidad. Por eso sobrecoge y espanta la naturalidad con la que la comunidad ha interiorizado como verdadera la falacia de que se trata de un fenómeno tan irremediable como la sucesión de los días. Un fatalismo que favorece tanto las actitudes cínicas de las autoridades frente a esa injusticia como la desgana de los sindicatos para plantar cara con dignidad y determinación a lo que saben que no es otra cosa que el fruto de las políticas neoliberales: los muy ricos lo son cada día más y los pobres agudizan su miseria. Es, pues, en parte, una cuestión de reparto justo. Exactamente algo que compete a la acción política. Pero aquí seguimos, esperando a que escampe, con gran contento de la derecha, claro.