Emprendedores

Miguel Salas CRÓNICAS FORENSES

FERROL

En esta capital española que también es, por mera deducción, capital de la crisis, son muchos los pequeños emprendedores que han roto con las pautas de los negocios tradicionales para ofrecer a los clientes algo, si no nuevo, sí combinado de otra manera. Este es el caso de uno de mis lugares favoritos. Tipos infames -sí, así han decidido llamarle a su rincón los tres infames tipos que lo dirigen con pulso no tan firme- es un local del barrio de Tribunal que integra, en un único espacio, un bar, una pequeña pero selectísima librería, y -dicen, que yo de esto no entiendo, tengo el paladar de esparto- una no menos selecta vinoteca.

La combinación es, sin duda explosiva: para los borrachines culturetas ha de ser un placer inenarrable lo de buscar libros mientras atienden a su objetivo primario, esto es, empinar el codo en un lugar de lo más pintón. Para los que somos más de literatura que de espirituosos supone una auténtica maravilla poder comprar libros en horario hostelero, es decir, casi hasta media noche -toda una golfería para lectores modositos como yo-, y sentarnos después, nuestras últimas adquisiciones ristre, a tomarnos un tercio o lo que se tercie -que suele ser, no nos engañemos, otros tercios, o hasta un gin tonic si es fiesta-.

Ojo a la fauna que se agolpa en sus mesas: siempre se encuentra gente interesante. Infame, eso sí, pero como de esto avisan en la puerta sería de muy mal gusto quejarse después de haber entrado.