Papa Francisco

Nona Inés Vilariño MI BITÁCORA

FERROL

24 sep 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

Las últimas declaraciones del Papa -que aconsejo leer en su integridad- han provocado un abanico de comentarios que me parecen una curiosa forma de valorar sus opiniones con el único criterio de la coincidencia, o no, con las propias.

Resulta curioso oír y leer comentarios laudatorios, de presentadores de televisión, políticos o periodistas, de algo de lo que dijo, o dicen que dijo, con el hábil procedimiento de mutilar o descontextualizar frases de una amplia entrevista llena de contenido. Actitud que choca frontalmente con la precedente descalificación del Papa, de este y de otros, para expresar su criterio sobre algún asunto con la justificación de que intenta condicionar la vida política... Sus opiniones deben ser analizadas, para coincidir o para discrepar, con respeto.

Si buscamos en las hemerotecas podemos encontrar ejemplos que rezuman ese anticlericalismo trasnochado que todavía es seña de identidad de un país que no es capaz de superar la alargada sombra de sus históricos fantasmas.

Creencias al margen, porque pertenecen a lo más íntimo de la persona, el pensamiento de este Papa que no ha dicho, ni falta que hace, cuál es su ideología política, porque su referencia a la derecha tenía relación con la acusación de colaboración con la dictadura argentina, es un referente de esperanza para millones de seres humanos de un mundo necesitados de liderazgo ético. Por eso no es lícito utilizar sus mensajes con el torticero lenguaje de la conveniencia.