Venden base americana en Bares

Defensa oferta la vieja construcción militar, operativa entre 1961 y 1991


Estaca de Bares / la voz

La antigua base americana de Estaca de Bares figura entre las propiedades que prevé vender el Ministerio de Defensa. Representantes del departamento que dirige Pedro Morenés visitarán hoy esta finca, de 65.579 metros cuadrados, y los restos de la construcción que alberga, con el propósito de conocer su estado y establecer un precio de partida. El Instituto de Vivienda, Infraestructura y Equipamiento de la Defensa explica que se trata de suelo rústico afectado por Costas, en un espacio natural protegido que forma parte de la Red Natura.

El Concello de Mañón solicitó hace tiempo la cesión de estas instalaciones. El alcalde, Alfonso Balseiro, insistía ayer en la conveniencia de «recuperar» este entorno, situado entre el faro de Estaca de Bares, el punto más septentrional de la Península, el observatorio ornitológico y media docena de molinos de agua en estado ruinoso. El Ayuntamiento encargó un proyecto a la Universidade de Santiago para convertir las maltrechas edificaciones de la base en un albergue. La intervención consistiría en rehabilitar los galpones y «reinterpretar» los espacios disponibles respetando la disposición original.

La estación Loran -un sistema electrónico de navegación de largo alcance por radio, desarrollado durante la Segunda Guerra Mundial en apoyo de la aviación aliada- de Bares entró en servicio en 1961 y permaneció operativa durante tres décadas, con dos enlaces idénticos ubicados en Francia y Gales. La Guardia Costera de Estados Unidos dirigió la base hasta 1977, cuando fue transferida a la Fuerza Aérea norteamericana. En cuanto abandonaron las instalaciones los últimos militares (llegó a haber cerca de 20) comenzó el desvalijamiento. Del interior de las dependencias arrancaron baños, parqué, cables, enchufes y cualquier otra pieza o material, útiles o no. Los grafitis decoran las paredes que han sobrevivido (hay varias destruidas) junto a las pilas de escombros que ocupan las estancias donde, en una época que muchos vecinos del Porto y la Vila de Bares, O Barqueiro e incluso Viveiro recuerdan, se celebraban fiestas, con comida y baile, y proyecciones de cine, a las que invitaban a los lugareños.

Félix Grande Barge (Cariño, 1937), residente en la Vila, participó en las obras de la base y se encargó del almacén y del mantenimiento hasta que se desmanteló. «El trato era excelente, la experiencia fue estupenda y la gente del pueblo les quería mucho. Aún los echo de menos, sueño con ellos», relata. «En comparación con nós tiñan cartos... e bebían cervexa ata fartarse», rememoran otros vecinos. Igual que los frecuentes accidentes de tráfico que sufrían por las tortuosas pistas de la zona. Varios se emparejaron y la relación entre ambos lados del Atlántico persiste.

«El trato era excelente... Aún los echo de menos, sueño con ellos»

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