La parroquia ferrolana de San Xoán de Esmelle, el lugar elegido por el ceramista Francisco Pérez Porto para que en él se preserve su legado, proyecta dedicar un espacio permanente a la obra del artista gallego, a quien rindió homenaje hace apenas unas semanas. La idea, según explica, entusiasmado, el propio Pérez Porto, es buscar un edificio, de arquitectura tradicional, en el que su obra pueda visitarse de forma permanente, y en el que también se conservarían todo tipo de objetos relacionados con su trayectoria vital y literaria. En un principio, la idea que barajaban los vecinos de Esmelle era distinta: repartir, entre diferentes enclaves del valle -donde Pérez Porto ya ha instalado, junto a un emblemático molino, su singular monumento al mago Merlín-, las piezas que el ceramista le va a ceder a Esmelle. Pero la idea no parecía demasiado viable, especialmente teniendo en cuenta que de permanecer todas las piezas al aire libre se corría el riesgo de que la obra de Pérez Porto fuese víctima de actos vandálicos semejantes a los que sufrió su monumento a la música tradicional ferrolana, instalado en el Cantón de Ferrol.
Pérez Porto trabaja actualmente en una colección de piezas cerámicas de gran formato, inspiradas en personajes literarios, que tiene la intención de ceder a Esmelle como parte de su legado.
Mientras tanto, continúa a la espera de recibir noticias de su propuesta de donar a la capilla de Santa Comba el retablo de cerámica que él llevaría a cabo a manera de testamento artístico. Santa Comba, al igual que Esmelle, tiene para Francisco Pérez Porto una especial significación, toda vez que él identifica esos lugares, cargados de simbolismo, con el epicentro de su particular imaginario.