Mar limpio

José Varela FAÍSCAS

FERROL

Visto desde Ferrol, el ambientalismo patriótico de la Administración resulta fascinante. Hay palabras totémicas para la derecha, y basta que se pronuncie alguna de ellas, Gibraltar, sin ir más lejos -no vayamos a desembarcar en Ceuta o en Melilla-, para que se movilicen los resortes de las esencias nacionales y desfilen prietas las filas. Y ya se sabe que en el zafarrancho de combate los españoles no nos andamos con chiquitas ni nos la cogemos con papel de fumar, pues buenos somos. Lo primero es lo primero: ahí están la guerra de la Independencia, la Reconquista, y hasta Numancia y el monte Medulio, si hiciese falta evidenciarlo. De modo que tratándose de la unidad de la patria, así sea entendida esta con estricto criterio de agrimensor, no nos detendremos ante flagrantes contradicciones. Así es que prohibimos en aguas del Peñón el mismo trasvase de combustible a flote entre embarcaciones que autorizamos en el mar de Ferrol. Sencillamente porque puede ser un riesgo para el ecosistema marino del Estrecho, ¿pasa algo, tío? Practicamos un ecologismo bélico, un naturalismo de hostigamiento; pero, entendámonos, todo por la patria. Desconozco lo que opinarán las gorgonias, las vieiras y los salmonetes del Arco Ártabro, porque mi ardor patriótico no alcanza la suficiente temperatura, pero sí sé lo que opinan quienes viven del mar en la ría ferrolana porque lo leído en este periódico. Sospecho con cierto fundamento que también lo sabe la Autoridad Portuaria. Tal vez quien todavía lo ignora es el Gobierno de Rajoy. O no se acuerda.