Personas

Andrés Vellón Graña
Andrés Vellón LA GÁRGOLA

FERROL

El miércoles por la noche todo quedó oscuro. Hasta las estrellas se escondieron. No querrían ver lo que había sucedido en Santiago, en el corazón de Galicia.

Una madrugada de pesadilla fue dejando paso a un amanecer extraño. Las horas transcurrían doloridas como latigazos. Hay fechas que quedan fijadas en la memoria como jornadas felices. Y otras como días nefastos. De esos que necesitarían de una máquina del tiempo para ser borrados.

Pero la realidad es cruda. Galicia ha vivido una enorme tragedia que ha golpeado también en Ferrolterra. Ha golpeado en todas partes.

¿Qué se puede escribir ante algo así? ¿Cómo trasladar el profundo pésame a las familias y amigos de todas las víctimas? Eso es imposible. Aunque sea lo que a uno le pida el cuerpo.

Porque todo quedó oscuro en el corazón de Galicia. Hasta que fue apareciendo una rendija de luz que pronto se transformó en un gran faro, el único al que poder agarrarse.

Entre el caos, la conmoción y la pena llegó como una marea, otra vez, la solidaridad de miles de personas. Un increíble fogonazo de conciencias que saturaron los centros para donar sangre, que ofrecieron todo lo que estaba a su alcance a los heridos y supervivientes, que convirtieron las redes sociales en una gran olla a presión de respaldo y condolencias...

¿Puede eso paliar la tragedia? No. Ni de lejos. Pero sí dimensionar lo que realmente somos. Personas.