Es sabido desde la noche de los tiempos que mentir contando hechos ciertos es un ejercicio muy elemental. Basta con alterar el orden de la exposición, con obviar detalles significativos, con centrar el foco en lo accesorio y pasar de puntillas sobre lo esencial, con descontextualizar, en fin, hay decenas de triquiñuelas baratas que conocen al dedillo los charlatanes de feria y sus imitadores en otros foros. La información del silencio es el último libro del periodista Álex Grijelmo, un atento vigilante del buen uso del lenguaje en los medios de comunicación y autor, entre otros, de un texto que goza de merecido reconocimiento entre los plumillas hispanos, El estilo del periodista. En su más reciente obra, después de unas disquisiciones filosóficas acaso superfluas a propósito del concepto mismo de silencio, se puede hallar una guía muy útil para discernir el grano y la paja, la verdad y el matute que nos sirven a diario, y, sobre todo, el cómo se cocina esa información o bazofia según se mire. Cómo se puede presentar un mismo hecho con significados antagónicos según el medio y, también, cómo se enmascaran hechos relevantes otorgando preeminencia a otros perfectamente prescindibles. En estos tiempos confusos, sobre todo atribulados para el partido en el Gobierno, el trabajo resulta revelador. Porque hay silencios que revientan los tímpanos: basta con una memoria un ápice superior a la de un pez para detectarlos, incluso en la esfera local. Afirmaciones firmes como contratos de Pemex para Navantia sin ir más lejos.