Cloaca máxima

Francisco Varela TAHONA

FERROL

Cualquiera que camine estos días por el Cantón verá que el paseo central ha sido abierto en canal, para reparar la conducción subterránea de aguas negras de la ciudad, construida hace unos 20 años y que está ya inservible sin haber entrado en funcionamiento. Millones de euros de nuevo para arreglar lo hecho, hace apenas nada, y acabar por fin el saneamiento de la ría que lleva también dos décadas de retraso. En fin, un ejemplo de cómo se hacen las cosas cuando nadie responde de sus actos y todo acaba pagándolo, por segunda vez, el erario público. Porque no solo precisa crítica y sonrojo lo que está saliendo a la luz de las cloacas del Estado. No es preciso ir a Madrid para hallar podredumbre que hiede desde Guadarrama. Sin dejar Ferrol, no ha sido solo el cinturón de saneamiento, nuestra cloaca máxima. Ocurrió lo mismo con la traída del Forcadas. Se inauguró en los 70 para durar 40 años, y una década después fue necesario sustituir toda la tubería desde el pantano a la central de depuración de agua de Catabois porque la instalada perdía por todas las uniones. Por qué obras públicas de la Roma de hace dos mil año todavía está en uso en algunas ciudades como Mérida y en Ferrol una cloaca fabricada en hormigón reforzado está inservisble antes de que entre en servicio. ¿No son responsables el cargo público que supervisó la ejecución, el autor de la auditoría técnica final y quien hizo el pago? ¿Cómo el Parlamento Europeo no es capaz de un pronunciamiento sobre este desaguisado ejecutado con fondos comunitarios?