Portavoces del PP y del PSOE han utilizado esta expresión para referirse a lo que entienden como un ataque que sobrepasa, según ellos, el ámbito de los casos Bárcenas y ERE de Andalucía (que podría financiar varios diques flotantes) y cuestiona el entramado de los dos partidos, que se ven a diario en los periódicos y no precisamente por sus acciones políticas No creo que tengan motivos, más allá del sensacionalismo o amarillismo imputable a alguna prensa (que escribe para vender) para cuestionar actuaciones como la de la jueza Alaya o el juez Ruz. Tanto Floriano como Valenciano, antes de lamentarse, tendrían que ponerse colorados, pedir perdón y asegurar que llegarán al final, cueste lo que cueste, en todos y cada uno de los casos de corrupción que están arruinando no solo la credibilidad de los políticos sino, y esto sí que es grave, el prestigio de España, cuyos ciudadanos consideran la corrupción como el segundo problema del país. No hay causa general que valga. Estamos ante un grandísimo problema que descubre las vergüenzas de una clase política, sí de una clase política por más que duela, que ha vivido instalada en la impunidad de saber que todos los partidos hacen lo mismo, eso sí, en proporción al poder que tienen. Puede acabarse la paciencia de quienes cuentan los euros uno a uno mientras leen cifras escandalosas de puro latrocinio, sin conocer que uno de esos millonarios haya devuelto un solo céntimo. Menos indignación y más diligencia en la limpieza.