Creo en las huelgas por convicción y no por obligación. Cuando una comarca entera decide no amanecer, como lo hizo Ferrolterra el pasado día 12 de junio, para mostrar su rechazo a los recortes, a la falta de trabajo en los astilleros de la ría, a la merma de la calidad de la sanidad y la educación públicas, a los desahucios y a la precariedad laboral que la crisis trae consigo, cuando hay una unanimidad tan clara y manifiesta, cuando no hay incidencias porque no hay nada que cerrar pues ya lo está todo, cuando la misión de los piquetes se hace innecesaria, cuando funcionarios, comerciantes y trabajadores en general prefieren ver mermado su salario o sus ganancias de la jornada por mostrar su indignación, una huelga se convierte en la mejor y más efectiva forma de protesta.
Pero cuando la huelga se impone, cuando se fuerza a un comerciante a que cierre en el primer día de rebajas por el mero hecho de estar situado en un centro comercial, mientras otros negocios abren con normalidad a solo un par de kilómetros, cuando se obliga a bajar la verja en el día de mayores ganancias de las temporada, cuando llevan sufriendo dos meses de pérdidas motivadas por la crisis y el mal tiempo, cuando cada vez es más difícil conseguir que la gente salga a la calle y consuma, y cuando pagan los pequeños por los grandes, creo que la huelga no es la mejor forma de protesta.
Huelga por convicción, y no por obligación.