San Xoán

Antía Urgorri Serantes
Antía Urgorri EL ACUARIO

FERROL

Hoy cuando miraba un anuncio del periódico en el que una cadena de supermercados ofrecía un combo de oferta especial para San Xoán (carbón, parrilla doble, mantel de papel, criollos, churrasco, empanada...), pensaba en cómo nos gusta a los gallegos una comilona. La de este domingo tiene, sin duda, un especial significado, porque marca el inicio del verano gallego, en el que hay más fiestas que días en el calendario, y todas ellas giran sobre un mismo epicentro: la gastronomía.

Cualquier patrón es bueno para encadenar la comida con la cena, el marisco se convierte en menú del día y cualquier encuentro acaba en -ada: churrascada, sardiñada, mariscada... San Xoán tiene, además, un halo de magia y feitizo que la hace más especial aún. El olor a los rescoldos de las luminaria, cacharelas o como las queramos llamar, la explosión de sabor en la boca que solo un triunvirato integrado por pan de broa, sardinas, y pimientos de Padrón puede provocar, y las tradiciones como los saltos a la hoguera para evitar los meigallos o lavarse la cara con el agua de flores.

Habría que aprovechar los cientos de luminarias que se encenderán el domingo en la ciudad para, además de quemar madera y ramas, si la lluvia lo permite, echar al fuego las malas noticias que han acompañado a la urbe en los últimos tiempos, y saltar tres veces las cenizas para que la carga de trabajo vuelva a los astilleros de la ría, para que el paro baje, para que los desahucios terminen, y para que la crisis dé un respiro a una ciudadanía que lleva ya tiempo pasándolo mal. Que pasen un feliz San Xoán.