Hartazgo

Nona Inés Vilariño

FERROL

18 jun 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

Puede que se haya escrito casi todo sobre el estado de ánimo colectivo. Pero, para quienes tenemos el privilegio de disponer de una ventana al mundo, como esta u otras de mayor resonancia, resulta muy útil para la salud mental verbalizar los problemas como si se tratase de una terapia de grupo (que tanto gusta a los americanos). Ocurre que, si la terapia se queda en eso, no produce otro resultado que el de liberarse de sentimientos molestos. Esto, creo, ocurre con las reiterativas peroratas de muchos dirigentes, políticos, sindicales o financieros, cuando tienen un micrófono delante. El hecho de pontificar, de atribuir a los demás la responsabilidad, parece ser el único recurso que tienen para que parezca que ellos sí son la solución.

Por eso me parece tan importante la respuesta contundente, que ha de ser cívica, de los ciudadanos que, sin intermediarios, manifiestan su profundo rechazo a la permanente falta de soluciones concretas que alivien, cuando menos, una situación que nos condujo al borde del abismo. Es hora de abandonar la cabeza de la manifestación y la pancarta; de colocarse entre la gente; de ponerse el buzo para trabajar a pie de obra y, con la mente limpia de egoísmos, ser referente de solidaridad y ofrecer el resultado, brillante o modesto, del trabajo propio antes de pedir más sacrificios a los demás. La mejor medicina para el hartazgo es que se callen, hasta que tengan algo serio que decir, quienes ya lo han dicho casi todo y han hecho casi nada.