La semana ha venido marcada por el cambio al frente de la Autoridad Portuaria Ferrol-San Cibrao. La Xunta ha cesado a Ángel del Real por desencuentros internos -el resto de las argumentaciones no se las cree nadie- y ha optado por el veterano y bregado José Manuel Vilariño para relevarlo.
Desde el punto de vista estricto de la gestión portuaria -que es de lo que se va a escribir aquí-, la nota para Del Real es muy alta. Ha conseguido situar a Ferrol entre los puertos pujantes y de futuro no solo en Galicia, sino en todo el territorio nacional. Hay muchos ojos internacionales puestos en Caneliñas. Y una terminal de contenedores que, al fin, es una realidad. Un par de ejemplos. Cruceros, acercamiento con el sector marisquero, creación de la dársena deportiva de Caranza, récord de tráficos...
Vilariño tomará en breve las riendas y tendrá por delante el reto de mantener e, incluso, mejorar el ritmo. Llega en un gran momento del sector y tiene avales y trayectoria para hacer un buen trabajo. En su mano está.
Pero, mientras unos entran y otros salen, la Autoridad Portuaria sigue ahí. Y el sector marítimo que lo rodea. Y su potencial. Y los puestos de trabajo que dependen de la logística. Y las posibilidades de Caneliñas y los contenedores. Y su privilegiada situación geográfica. Es un motor económico, un balón de oxígeno para una comarca ahogada. Ninguna polémica ni decisión de despacho debe frenar eso. Porque sería cicatero.