La declaración conlleva más ayudas, pero también trabas burocráticas
10 feb 2013 . Actualizado a las 16:22 h.Prometía convertirse en garante de la conservación y en empujón definitivo a la recuperación del barrio. Pero a sus dos años está lejos de conseguirlo. La declaración como Bien de Interés Cultural (BIC) de Ferrol Vello aquel 10 de febrero del 2011 abría muchas expectativas: mayor reconocimiento patrimonial, histórico y turístico, más ayudas a la rehabilitación y la obligación de redactar, al fin, el plan especial del barrio. Sin embargo, la zona sopla las dos velas en su peor momento: con más deterioro y peligro que nunca. Y lo que es peor, con más trabas a los pequeños y grandes arreglos que, cada vez más necesitan los cada vez menos habitantes del barrio. La asociación vecinal defendió con fuerza la declaración en su día. Hoy lo sigue haciendo, pese a sufrir sus consecuencias. «El BIC es beneficioso, pero ha venido a traer más burocracia», lamenta el vicepresidente, Manuel Zapata. Porque cada licencia menor para subsanar simplemente unas humedades necesita viajar hasta las oficinas de la Dirección Xeral de Patrimonio y obtener su autorización. Por ello, reclama una agilidad en los trámites todavía por ver. La misma que pide para que los propietarios puedan percibir las ayudas que conlleva el BIC, pero que todavía no han engrosado los bolsillos de muchos propietarios.
El concejal de Urbanismo, Guillermo Evia, no oculta su opinión: «A mi juicio, como técnico, el BIC perjudica las labores de rehabilitación». Paradójicamente, lo contrario de lo que busca. A sus dos años no ha logrado el objetivo, pero todavía es pronto para juzgar la repercusión de un reconocimiento que ha convertido a Ferrol en una rara avis de las ciudades gallegas con dos cascos históricos catalogados BIC: A Magdalena y el barrio marinero que le permitió nacer.
En un barrio que alberga el 3% de la población ferrolana prácticamente la mitad de sus viviendas están vacías. Y más de cuarenta de sus edificios, completamente en ruinas o con riesgo de desprendimiento y desplome. Datos que se complementan entre sí y que explican el envejecimiento paulatino de su censo, pese al empeño de algunos jóvenes que han rehabilitado y repoblado el barrio.