Se saben privilegiados pese a quedarse sin dos pagas estas Navidades
02 dic 2012 . Actualizado a las 07:00 h.En el hogar de José Vicente Fernández Mariño y de María José Borrego la Navidad llega en forma de tijera. Él, trabajador de Navantia Ferrol desde hace 30 años, y ella, enfermera en el Fontenla Maristany desde hace 28, se quedarán por primera vez en su vida sin la paga extraordinaria. Como en otras 15.000 familias de la comarca, la decisión del Gobierno de atajar la sangría del déficit público por la vía de la supresión de esta retribución a los funcionarios y empleados públicos les ha generado un gran enfado.
«Públicamente no deberíamos de protestar, porque hay un 25% de la población que está parada y pasando dificultades, pero también soy consciente de que no soy culpable de esta situación, y me fastidia mucho. Estaría encantado de dar mi paga extra si solucionase el problema del país, pero no va a solucionar nada. Y lo que peor me parece es que los banqueros que generaron el problema se fueron con el dinero y no devolvieron nada», asegura este trabajador del naval.
Su mujer comparte al cien por cien su opinión. «Me parece que con los funcionarios ¡ya está bien! En los últimos cuatro años hemos perdido un 20% de poder adquisitivo», afirma María José Borrego.
La supresión de la paga extra supondrá que en su casa estas sean «unas Navidades mucho más austeras». De hecho, un viaje familiar que realizan todos los años por estas fechas, en esta ocasión tendrá que posponerse, y en los regalos también se ajustarán a la situación.
No obstante, pese a su enfados, ambos insisten en que son unos privilegiados, porque aunque no cobrarán las extras, sí percibirán las dos nóminas del mes. A diario, cuando entra y sale de su trabajo, José se encuentra con los buzos colgados de los compañeros de las firmas auxiliares que han perdido sus empleos. «Veo gente que trabaja en las compañías y que a lo mejor cobran mil euros con los que vive toda la familia. ¿Cómo te vas a quejar ante esa gente?», se pregunta, aunque subraya que le molesta enormemente que el dinero suprimido a funcionarios y empleados públicos «vaya destinado a salvar la banca, cuando los banqueros no han puesto ni un céntimo y no han devuelto nada de lo que se llevaron».