La frase es una ironía. Una broma, realmente. Pero en ella hay mucho de cierto. Porque cuando Argemino Malde dice que jamás tomará una imagen «en la que el mar se derrame», lo suyo es toda una declaración de principios. No le gustan las fotos con los horizontes inclinados. Lo suyo es hacer las cosas de otra manera. Ahora deja la fotografía profesional. Cierra su estudio, porque se jubila. «Seguiré haciendo fotos para mí», comenta, entusiasmado con la tecnología digital, que ha dejado atrás los romanticismos del negativo y de la diapositiva.
Posee, Malde, un archivo inmenso. Un archivo del que forma parte una colección -un auténtico tesoro, ciertamente- de imágenes, en su mayoría inéditas, de creadores como Camilo José Cela, Gonzalo Torrente Ballester, Dieste o Ricardo Carballo Calero. El fruto del trabajo de una vida entera.